Asociación sin ánimo de lucro fundada en 1975. 
Decenio internacional de los pueblos indígenas del mundo 20015-2024 declarado por la ONU. 
Miembro del Consejo Indio de Sudamérica (C.I.S.A.).
Miembro del Consejo Mundial de Pueblos Indígenas (C.M.P.I.).

Comunidades adheridas en Buenos Aires, Chaco, Chubut, Formosa, La Pampa, Mendoza, Neuquén, Río Negro, Salta, Santa Fé, Santiago del Estero, Tucumán, San Luis, Catamarca, Jujuy y Córdoba.

Resolución de personería jurídica 1997/75
Inscripción en la Inspección general de Justicia Resolución nº 0001997/1976.

Dirección: c/BALBASTRO 1790. CP1406 Ciudad Autónoma de Buenos Aires. TEL / FAX.(011) 4921-1789.

El AIRA es la Asociación Indígena de la Republica Argentina, Organización Nacional sin fines de lucro que agrupa a los hermanos de los pueblos indígenas integrantes de las diversas etnias y comunidades de las distintas regiones del Territorio Nacional Argentino con una trayectoria de mas de 40 años.  

Historia y nacimiento del AIRA

En BS AS a fines  de la década del 60, comenzaron a darse  distintas reuniones periódicas a la que concurrían varios hermanos de varias provincias con fines sociales, de esparcimiento y festivos. De estas reuniones nace el interés de organizarse de acuerdo a la práctica habitual en esos tiempos en los cuales distintas comunidades de inmigrantes creaban sus propios centros de esparcimiento en el país. Así fue desarrollándose la idea de crear una organización de los Primeras Naciones Originarias del Territorio Nacional Argentino, que tuvieron como inicio dos grandes futatran (gran parlamento) Uno en el año 72 y otro en el 73 ambos en territorio neuquino en los cuales se expresa y desarrolla las bases para fundar la organización de los Pueblos Indígenas y sus respectivas comunidades étnicas dando nacimiento a la fundacion de la Asociación Indígena de la Republica Argentina en Enero de 1975. 

Reseña del acontecer del movimiento Indígena desde 1978 hasta 1994 en  Buenos Aires y de la  Asociación Indígena de la Republica Argentina ( AIRA)

Realizar una reseña de la historia  de la AIRA Es una tarea difícil ya que no existe una historia documental, razón de más para intentar escribirla, este escrito no lo será, simplemente servirá de hayuda memoria para dar comienzo a escribir la verdadera historia de la institución madre de instituciones indígenas de América.

muchos de aquellos que la forjaron no se encuentran entre nosotros, y esta brecha es cada vez más significativa.

Tampoco puede hacerse desde aspectos simplemente cronológicos ya que la historia de la AIRA se encuentra íntimamente ligada a los procesos personales de sus militantes y dirigentes, quienes dejaron sus propios quehaceres en sus lugares de origen para insertarse en una sociedad, muchas veces hostil, para que ella fuera la caja de resonancia de sus luchas.

Así que pasaré a relatar los acontecimientos que viví y dieron vida a la AIRA como yo la conocí. 

Yo sabía de la existencia de la institución cuando inicie mi tarea en Río Negro y Neuquen, por el trabajo que realizaba y difundía su entonces presidente, el abogado de origen Colla Eulogio Frites. 

La AIRA se había constituido como una suerte de enlace entre los  pueblos indígenas y sus comunidades dispersas a lo largo y ancho del país y una especie de embajada ante los pueblos hermanos del Continente ya que por entonces no existía el Consejo Mundial de Pueblos Indios, CMPI, refundado el 27 de noviembre de 2007, ni el Consejo Indígena Sudamericano, CISA con sede e Perú. Creado el 27 de marzo de 1980 en Ollantaytambo en concordancia con el Congreso que cambió la historia indígena del continente. 

Estos organismos internacionales de base indígena se crearon a instancias de la AIRA. Por el trabajo de sus dirigentes y militantes, como ocurrió en el 2007 cuando se reorganizó el CMPI, después de un tiempo inactivo, en dicha reorganización se hallaban Rogelio Guanuco y Germán Canhue firmando el acta por la AIRA. 

Recién cuando me instalé definitivamente en Buenos Aires 1979/80 y comencé a trabajar para oficializar el grupo de trabajo que yo había formado en Punta Alta en 1957  que luego se convertiría ( Fundada por Susana Malpartida y Ruben A. Spaggiari) en la Fundación Argentina Alexis Carrel, FUDAAC entidad que dirigí y con la que trabaje por diez años. (Fue cerrada por sus fundadores en 1994) 

En esos años de luchas y de trabajo surge en mí la necesidad de propiciar una Ley indígena, inquietud que se había gestado en Río Negro y Neuquen. 

Esto coincidió con el renacimiento de la Democracia y el interés de algunos legisladores por ganar adeptos y sectores de la sociedad para su sesgo político, así el Senador De la Rua retoma la búsqueda de una legislación indígena que se hallaba cajoneada desde 1966 en el comienzo de los recientes procesos militaristas en Argentina, concordantes con los desatados en toda América Latina. 

Esto trajo aparejada que el anteproyecto propuesto por De la Rúa fuera, no sólo paternalista sino arcaico, desprovisto de una visión reparadora y que contemplara la autodeterminación de los pueblos indígenas involucrados y un organismo que ellos mismos pudieran gestionar para implementar políticas de estado de carácter netamente indianistas, no indigenistas. 

Militando políticamente, lo hacía desde mi llegada a Gral Roca, Río Negro, más que por intereses partidistas me movilizaban los aspectos de amistad que me unían a algunos hombres de la Democracia Cristiana. 

Con los preparativos de apertura de un proceso democrático surgió la necesidad de crear un espacio para los Derechos Humanos desde las Madres y con mi amigo Augusto Comte  como figura y referente político, así se fundo la línea interna de la Democracia Cristiana, en el altillo de la sede del partido en la calle Pozos, “Humanismo y Liberación” que llevó a Augusto a la Cámara de diputados y a quién acompañé en calidad de asesor adhonorem de la Causa Indígena. 

Augusto se convirtió desde entonces, por mi permanente insistencia, en un actor primordial en defensa de nuestra propuesta de la Ley 23.302. 

Por ese entonces nos encontramos varias veces en las manifestaciones que se realizaban frente al Congreso Nacional y en cuanto foro se expusieran nuestras propuestas. 

Fue por entonces que envié una carta documento al Congreso Nacional y a la Suprema Corte de Justicia donde les solicitaba proceder a no innovar sobre el particular y consultar previamente a los que definitivamente serían los beneficiarios de la Ley, los propios indígenas, instando a terminar con el paternalismo y legislar desde los escritorios de Buenos Aires. 

Apersonado de esto y luego de que los medios de prensa se hicieran eco de lo expuesto Eulogio Frites me convoca para elaborar en conjunto una propuesta de trabajo. 

Por entonces conozco a Delfín y Antonio Jerónimo, Martín Corimayo, Augusto Ramallo, Gabino Zambrano, Jorge Valiente, Fausto Durán, Guarita, Rogelio Guanuco, Diego Lanusse Condorcanqui, Alancay u su hija Anahí, entre otros tantos amigos y hermanos que se hallaban en el camino de  lograr que sus reclamos sean escuchados pero por sobre todo intentar consolidar una posición de relevancia de la institución pionera en las luchas indígenas en Sudamérica. 

Todo se hallaba en construcción. 

El regreso a la vida política y democrática abría una instancia de expresión que instaba a unificar esfuerzos y plantear seriamente nuevas instancias de participación. 

Eulogio desde su posición en la presidencia de la AIRA  se aferraba a cuanta posibilidad institucional le permitiera introducir la “Cuestión Indígena” en las áreas políticas e institucionales que habían resurgido en los ochenta, de indiscutido sesgo radical. 

Alfonsín, líder indiscutido del radicalismo ganó las elecciones con el 52% de los sufragios, Eulogio se alineó con ellos y en particular con De La Rúa que traía de la mano la idea de una ley para los indígenas. 

Por esta razón prefería mantenerse al margen por lo cual me solicitó que yo elaborara un anteproyecto para la AIRA que se pudiera elevar al Congreso Nacional, acepté esta responsabilidad y distinción con una sola exigencia, contar con un abogado para que trabajáramos juntos. 

Fue así que en la sede de la AIRA en Balbastro conocí al Dr. Ruiz Díaz, colega de Eulogio y colaborador de la institución, con quién nos pusimos a trabajar. 

Trabajamos tres días casi sin descanso en la pieza del fondo de la AIRA con Ruiz Días y así pudimos entregar el texto del anteproyecto, dado que surgieron algunas cuestiones que Eulogio suponía, serían modificadas por De La Rúa, cuestión por la que manifesté su equivocación, le solicite autorización para presentar un anteproyectos desde la FUNDAAC que yo presidía, que contemplara dichas observaciones, a lo que Frites respondió afirmativamente y así fueron presentados tres anteproyectos dos ingresados por mesa de entradas AIRA y FUNDAAC y el Dela Rúa, todos tratados el 8 de agosto de 1984 en el saló dorado donde todos los dirigentes indígenas, y algunos no indígenas matuvimos una reunión de trabajo con el senador y sus asesores. 

Por entonces la AIRA estaba constituida y consolidada desde las bases militantes pero escasamente reconocida a nivel oficial y las luchas internas por mantener la institución generaba no pocas situaciones conflictivas. 

Eulogio terminaba su mandato y se avecinaban las elecciones en la entidad para lo cual había que conformar las listas para formalizar y responder al mandato estatutario. 

Él sabía que podría realizar un mejor trabajo si alguien sé hacia cargo de la institución y le dejaba las manos libres para actuar desde lo jurídico en todo el país, o representando a la causa en el extranjero, cuando lo convocaran, se requería de un hermano que asumiera la responsabilidad de llevar adelante los destinos de la institución, velando por mantenerla vigente, aún a costa de los enormes impedimentos, la falta de presupuesto y la lucha diaria por la subsistencia. 

Bajo estas circunstancia no había muchos que quisieran comprometerse a una tarea tan incierta, presuponía un desgaste personal y político que pocos estaban dispuestos a pagar, no porque no estuvieran consustanciados sino por no sentirse, íntimamente,  capacitados para hacerlo. 

Fue en esa etapa que Rogelio Guanuco, Diaguito Calchaquí, militante desde sus valles e instalado en Buenos Aires, como un dirigente con agallas, carismático, parco, poco hablador, quizás con menor elocuencia que Eulogio, pero no menos certero a la hora de las definiciones que se requerían para salir adelante, ingresaría en la historia de la institución, Jubilado en Vialidad Nacional se encontraba totalmente dedicado a la causa indígena y dispuesto a asumir la responsabilidad de dirigir la AIRA. 

Por supuesto ganó las elecciones y se perfiló desde un comienzo como un líder nato, en los momentos más difíciles, supo sortear con modestia y ecuanimidad los problemas que se le planteaban. Eulogio siguió en la nueva comisión como apoderado legal, cargo que sigue manteniendo a la fecha. 

No fueron años fáciles, sin aportes o fondos que permitieran desenvolverse con mediana soltura, las enormes carencias limitaron el accionar de la AIRA hacia el interior, situación muchas veces incomprendida en las provincias, pero no minaron la dedicación de Rogelio y su gente para estar presente donde existiera la posibilidad de expresar sus ideas y las nuevas filosofías indianistas que se contraponían al viejo esquema indigenista utilizado por los grupos de poder y los Estados Nación. 

En 1983 se instala en el ideario colectivo y en la sociedad global, de la mano de los propios indígenas con el AIRA a la cabeza, la necesidad de conocer y reconocer a los pueblos indígenas de nuestro país. 

Figuras comprometidas, no tanto con la causa indígena, pero si con las raíces indoamericanas, como el “Flaco” Guillermo Magrasi, en “La Aventura del Hombre” serie documental muy vista por entonces y “La Argentina Secreta” contribuyeron a la búsqueda de aquellos eternos desconocidos que sólo habitaban los libros de historia y se hallaban presentes en nuestra constitución, en aquella frase que nos inculcaba “... fomentar el trato pacífico con los indios.” 

Paradójicamente este renacer de “ Lo Aborigen” en la sociedad global de Argentina se centralizó en una constante actividad de difusión y participación de indígenas y no indígenas en charlas, conferencias, congresos, y todo tipo de actividades que la avidez de saber y conocimientos que se habían abierto, desbordaban las posibilidades de hacer. 

Se realizaron infinidad de actividades en distintos lugares pero de los que podemos rescatar dos el “Centro Cultural Gral. San Martín” y el “Museo Roca”, en este último, merced al trabajo de la profesora Andrea Savino y las autoridades de la institución que se interesaron por un programa de actividades muy ambicioso en el que además de aquel pensamiento que intentaba darle vida a los museos se fomentaba la participación indígena con muestras de artesanías. 

Todo fue un gran cambio a partir del famoso congreso de Ollantaytambo, 27 de marzo de 1980, allí nació el CISA y fue en el que Fausto Reinaga expresó la famosa frase “... Con la palabra indio nos sometieron y hoy con ella nos liberaremos...” dejando de ser peyorativo el calificativo, como lo había sido hasta ese momento y se cambiaron las políticas y filosofías imperantes del indigenismo estatal por una filosofía militante indianista, (Políticas desde los indígena, para los indígenas) en esta premisa fue que se trabajo para lograr la Ley 23.302 y se trabajó para que cada vez más hermanos se interesaran y hallaran en condiciones de una participación más militante y activa en la política nacional.) 

Así se diagramaron desde 1983 a 1987 ciclos sobre el tema para adultos “Políticas Seguidas con los Aborígenes”  y un ciclo especial que se denominó “El niño y la Historia” por el que pasaron en turnos mañana y tarde todos los establecimientos educativos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, cuando todavía no había adquirido ese status legal y político. 

En todos esos foros se encontraba siempre la AIRA en la presencia de sus integrantes quienes contribuyeron desde sus ópticas a una mejor comprensión de la cuestión indígena y de su actualidad. 

Allí en esos foros nacieron a la causa grandes colaboradores de la AIRA como el abogado Horacio Eliseo Maldonado, que a partir de ese momento fue, hasta su fallecimiento, un gran respaldo para la institución y para el propio Rogelio Guanuco. 

Fueron años muy duros dado que por diversas razones los organismos internacionales ingresaron en una etapa de quite de colaboración, fondos para distintos proyectos,  para toda América Latina, quizás como resultado de malas actitudes o malversación de los fondos por parte de algunas organizaciones o beneficiarios de dichos programas. 

Esto fue culpa directa de las propias entidades que no enseñaron la importancia del manejo de los fondos que, ante la enorme carencia y necesidad de la región se utilizaban para solucionar problemas coyunturales y los programas quedaban inconclusos, al margen de algunos mal intencionados que siempre habrá. 

Por esta razón el apoyo crediticio para América Latina deja de existir. 

Fue en ésta etapa que Rogelio Guanuco debió afrontar el desafío de mantener viva una institución y su precaria infraestructura, y lo logró. 

  1. Defensa y desarrollo de las comunidades indígenas en todos sus aspectos: económicos, sociales, sanitarios, idiomáticos y jurídicos.

  2. Contemplar la defensa y reintegro del aborigen desarraigado a su comunidad.

  3. Defensa de las tierras de las comunidades indígenas, cualquiera sea el titulo jurídico por el cual las posean y recuperación de las tierras aptas para la agricultura, ganadería, explotación forestal y minería, para aquellas comunidades que no las posean.

  4. Obtener el reconocimiento de las comunidades aborígenes como personas jurídicas, capaces de tener derecho y contraer obligaciones, para lo cual se debe gestionarse la promulgación de una ley orgánica.

  5. Obtención de créditos para la compra de instrumentos de labranza, semillas, reproductores y asesoramiento técnico.

  6. Instalación de hospitales y puestos sanitarios en las comunidades indígenas.

  7. Obtener que la enseñanza sea impartida en los respectivos idiomas aborígenes, conforme a los términos de la ley 14.932. Poblaciones indígenas a través de maestros aborígenes o que hablen el idioma de las respectivas comunidades. Consecuentemente obtener la publicación de material didáctico en los respectivos idiomas aborígenes. Obtener el respeto por las pautas culturales propias del indígenas en la escuela. El idioma castellano será enseñado como materia especial.

  8. Estudio del pasado y presente y sus tradiciones en la medida en que esto sirva para el desarrollo cultural de sus comunidades junto al aporte de la ciencia universal.

  9. Estudio de los idiomas indígenas en uso en la República Argentina, con el objeto de que sirvan de adecuado vehículo en el desarrollo cultural de las comunidades indígenas.

  10. Formación de personal técnico-científico o especializado indígena de todo origen, como una de las formas concretas de impulsar el propio desarrollo de las comunidades indígenas. Obtener que en los Registros Civiles se respeten los nombres y apellidos indígenas.

  11. Reafirmación y reivindicación de la personalidad indígena en todas las comunidades indígenas en particular y en la Republica Argentina en general, por los medios adecuados: educación, publicaciones, difusión, publicación de libros escolares y científicos indigenas, y que el indio y su familia gocen de parte de los no aborígenes, ya sean particulares o funcionarios, del respeto debido a todo ser humano.

  12. Combatir el racismo anti-indio en todos sus aspectos y en todas sus manifestaciones: abiertas o encubiertas, confesadas u opresión del indio en cualquier forma: físicamente, biológicamente o culturalmente.

  13. Combatir en un todo de acuerdo con las resoluciones de las Naciones Unidas y sus Organismos especializados, el genocidio y etnocidio de las comunidades indigenas en todas sus formas en las cuales se manifiestan actualmente:
    1. Mediante la usurpación de las tierras de la comunidades indigenas y su subsecuente disgregación.
    2. Mediante el abandono sanitario.
    3. Mediante la imposición de la enseñanza escolar de pautas y tradiciones culturales que le son ajenas.
    4. Mediante el desconocimiento de su propio idioma en toda actividad oficial, incluyendo la enseñanza escolar.
    5. Mediante el menoscabo, el desprecio y la negación de la propia personalidad indigena. La discriminación y la opresión racial para que el indio reniegue y se transculture, cayendo en la despersonalización.
    6. Mediante el falso planeamiento de que la cuestión indigena es una cuestión puramente economico-social, cuando la realidad es que si bien el todo de la cuestion tiene indudablemente una importante faceta económico-social, también tiene otras muy importantes: éticas, raciales, lingüísticas, históricas, psicológicas, etcétera.

Es propósito excluir de su seno los siguientes temas: 

  1. Políticos y/o religiosos, cuando no tengas aplicación concreta en la problemática india actual.
  2. Todo tipo de reivindicación de hechos o personas que mediante el despojo y el exterminio del indio en el pasado llevaron al indio presente a su situación actual.

Los temas históricos solo deberán considerarse en los siguientes casos:

  1. Cuando sean necesarios para la comprensión de cuestiones concretas de la realidad actual.
  2. Cuando sean necesarios para proporcionar una autentica versión de los hechos ocurridos, para que el indio revalore, en los casos en que los precisa, su propia personalidad, y para que el resto de la población aprenda a respetar esa personalidad y elimine los prejuicios anti-indio que pueda tener.
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